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Luna nueva

Puntuación 4.33


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Carlos Perez Casas
por Carlos Perez Casas · 9/ene/2017
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La Luna quiere matarte

La Luna quiere matarte

Esa era la premisa con la que no vendieron a la novela de Luna. Que no estabas a salvo en nuestro satélite. Asfixia. Descompresión. Hambre. Pobreza. Son muchas las formas de morir en la Luna. Es más, también nos dijeron que era como Juego de Tronos, por lo de las familias enfrentadas. Pero esto es Dune. La omnipresente paranoia y miedo al asesinato es algo que nos acompaña por toda la novela. Y los acuerdos no escritos sobre lo que se puede y no se puede hacer a la hora de matar recuerda mucho al Manual de los Asesinos que tanto temía Leto Atreides. Además, existe cierta admiración religiosa hacia este lugar muy similar al de Arrakis. ¿Por qué digo esto? Porque a mí Dune no me gustó demasiado y, sin embargo, toda la ambientación que ha hecho Ian McDonald me tiene fascinado.





Los Cinco Dragones

La Luna es propiedad (sí, propiedad) de una corporación terrestre, la Luna Development Corporation, que trata a los lunarios/luneros/lunenses como clientes, no como ciudadanos. Les cobra el aire, el agua, el carbono y los datos. Los cuatro elementos que te mantienen con vida. Si no puedes pagar, mueres. Y eres reciclado. Pero hay un segundo nivel de poder, el que realmente importa que esta marcado por los sectores económicos de la novela, monopolizados por alguna de las cinco empresas familiares que marcan la vida social en la Luna.

La mayoría de los personajes pertenecen a la familia Corta, descendientes de brasileños que dominan el sector energético terrestre gracias a su explotación del Helio-3. Las demás familias les ven como advenedizos y una en concreto, los Mackenzie, les guardan una rivalidad asesina por haber sido al fundadora de Helio Corta una antigua empleada suya. Las demandas judiciales dieron paso a las guerras silenciosas, la que vemos en la novela.

El hilo conductor son estas rivalidades entre familias que derivan en alianzas (matrimoniales, casi siempre) diversos acuerdos puntuales, sabotajes a pequeña escala... Un enfrentamiento que se rebaja al nivel de los empleados, con peleas que parecen sacadas de taberna o incluso una liga de balonmano lunar. Que haya sangre es lo esperado, y la encontraremos.

Todo se compra y se vende en la Luna

No existen leyes en Luna. Lo que rige aquí, aunque no se diga, es el anarcocapitalismo. Un asesinato exige una compensación económica. Todo es negociable. Todo se organiza mediante contratos. Bodas, divorcios, madres de alquiler... Por supuesto el sexo e incluso la custodia de los hijos. Absolutamente todo es un contrato. Forman parte inseparable de quienes viven en Luna y puede resultar asfixiante.

Demasiados personajes

El gran problema de esta novela es que los personajes están para contar la historia, y poco más. La necesidad de compartir protagonismo hace que se solapen unos a otros y aunque seamos capaces de identificarlos no podemos ver ningún arco evolutivo. Parecen quedarse estancados en donde estaban. Muchas escenas y muchos personajes que sirven para que el lector vaya conociendo el desarrollo de los acontecimientos. Tenemos ojos y oídos por toda la Luna. En esta intención de querer contarnos todo aparece un poco forzado mecanismos como la autobiografía o las cartas/email a la familia. Sí, nos da la información pero no termina de quedar bien.

El único personaje memorable es Lucasinho Corta, nieto de la fundadora. Es un joven de diecisiete años, vividor y aspira a ser una estrella de la farándula. Revistas del corazón y cotilleos varios. Obsesionado con el sexo y ser el centro de atención, lo que incluye convertirse en un correlunas, aquellos que han completado (y sobrevivido) la excéntrica carrera a través de la superficie lunar. ¡Desnudos! Temperaturas de 120 ºC. Vacío. Radiación. Es parte de la cultura de la clase alta de Luna este anhelo por ser extravagantes y sentirse vivos.

Una ambientación que hechiza

Ahora llegamos a lo mejor de lo mejor y que le da una burrada de puntos a esta novela. La propia Luna. El gran mérito de esta novela son los escenarios. Esa superficie grisácea que podemos ver mirando al cielo se vuelve mucho más

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