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Amar bajo el Terror

Amar bajo el Terror

Porque algunas mujeres maltratadas matan y como la sociedad responde.


Fuera de Quicio



Colección: Fuera de Quicio
Idioma: Idioma: es español
Páginas: 279
Ebook
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15,00 €
ISBN: 978-84-85735-46-4

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El relato de una mujer anciana con fracturas por la última paliza nos sobrecogió. Tras años de acompañamiento en la Asociación, al fin accedió a irse a la casa de acogida. Esta vez había sentido la muerte muy cerca. La terapeuta preparaba con ella el plan de seguridad buscando el mejor momento para la salida. Ella decidió que fuera el viernes por la tarde; él estaría fuera todo el día. Eso le daría tiempo para dejarle la casa limpia, la ropa planchada y la nevera con suficiente comida para el fin de semana.

El libro Amar bajo el Terror nos trae historias como ésta, historias de mujeres que se enamoraron y amaron a hombres que las maltrataron; pero con una diferencia: no tuvieron oportunidades para la huida y su instinto de supervivencia activó la autodefensa.

Desde que Ana Orantes fuera quemada por su marido en 1977, tras contar su historia de malos tratos en televisión, hay un antes y un después en cómo los medios nos narran estas noticias. Ahora, que cada año contamos en torno al centenar de mujeres muertas por sus parejas, cuando sabemos de un nuevo caso ya no nos sorprende aunque nos siga indignando. Y es que la sorpresa se pierde cuando la repetición crea habituación. Por eso, ya no ocupan titulares las historias como ésta. Los titulares de ahora venden los finales que antes ni imaginábamos: “una mujer mata a puñaladas a su marido tras denunciar que sufría malos tratos”. Lo que tienen de diferente, es que quien muere al final no es la víctima sino el agresor. Esto sí nos sigue causando sorpresa porque en el retrato robot de las víctimas, que los medios proyectan y la opinión pública interioriza, tenemos registrado desvalida pero muy desdibujado aterrorizada. Y sin embargo, esto es lo que define la experiencia de las mujeres maltratadas, como nos muestra magistralmente Lenore E. Walker en esta magnífica obra. El terror ocupa el centro de sus vidas.

Las historias de maltrato, en contra de lo que pudiera creerse, no son historias de sádicos y masoquistas; son historias de amor que empiezan como todas. Las parejas que se enamoran se parecen en sus inicios, aunque cada una cree vivir algo único e irrepetible. Y las historias reales de las mujeres que Lenore E. Walker trató como psicóloga forense también empezaron siendo historias de amor; probablemente cargadas de creencias como éstas, que las canciones de moda repiten machaconamente haciendo que nos parezcan algo natural:

El amor es ciego. Te amo más que a mi vida. Sin ti no soy nada. Arráncame la vida con el último beso de amor. Sin tu amor no soy nada. No quiero vivir sin ti. Te quiero a morir. Mi mundo eres tú. Amar es ir contigo hasta morir. El amor tiene razones que la razón no entiende. Haz conmigo lo que quieras. Si tú me dices ven lo dejo todo. Te seguiré a donde vayas. Lo eres todo para mí. Después de ti no hay nada. Si tú no estás aquí me sobra el aire. No quiero estar sin ti. Si tú te vas te llevarás mi corazón. Pídeme la luna. Te quiero más que a mi vida. Por una lágrima tuya me dejaría matar. Toma mi vida. Moriría por ti.

Vivimos en una cultura que nos programa para creer que lo que se hace por amor está más allá del bien y del mal, como dijera Nietzsche. Lo hace con tanto éxito que, en lugar de advertirlo, lo interiorizamos y pasamos a sentirlo como si fuera consustancial a la condición humana. Y sin embargo, la historia y la antropología nos dicen que la pareja construida sobre el amor romántico es un invento muy reciente en la humanidad. Creemos que los sentimientos que activa el enamoramiento nos vienen codificados en la programación genética: el arrebato, la exclusividad, la entrega absoluta, la renuncia al sí mismo, la incondicionalidad… y nos equivocamos. Aprendemos a amar, aprendemos el modo de amar y aprendemos los sentimientos del amor; pero hombres y mujeres, lo aprendemos de forma diferente. Nuestra sociedad socializa a los varones en valores que llamamos masculinidad, y a las mujeres en otros que llamamos feminidad. Y he aquí el inicio del complejo entramado de la violencia de género. Por esto víctima es femenina y agresor es masculino, como titulaba uno de sus libros un reconocido investigador de nuestro país.


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