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Anarquistas Vengadores

Anarquistas Vengadores

Atentados reivindicativos a finales del sigo XIX y principios del XX


Nuestra Memoria



Colección: Nuestra Memoria
Idioma: Idioma: es español
Páginas: 155
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13,50 €
ISBN: 978-84-85735-49-5

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Si queremos estudiar o simplemente conocer algún aspecto de la Historia, debemos situar su entorno social y político. Y en el caso de los asuntos que trataremos en este libro, debemos indagar sobre las circunstancias que rodean los hechos que pueden llevar a personas cultas y moralmente elevadas, a proyectar y perpetrar la muerte de personalidades políticas de importantísima magnitud.

Conoceremos cómo presidentes de Gobierno; reyes y hasta un cardenal, cayeron víctimas de las ansias vengadoras libertarias. Los anarquistas, que se convertirán en nuestros personajes, al ejecutar sus objetivos eran conscientes de que las posibilidades de salir indemnes de la empresa eran mínimas y no obstante siguieron hasta el final, iluminados por la convicción de que lo que estaban haciendo, saldaba cuentas con los que habían ejercido una violenta represión sobre los trabajadores y el pueblo.

Tenemos esclarecedores ejemplos de libertarios cultivados y en algunos casos pacifistas militantes, que a lo largo de la época más violenta de lo que los ácratas llamaron Propaganda por el Hecho, tomaron las armas contra el Estado y sus representantes: Mateo Morral, un ácrata de amplia cultura, colaborador activo de la Escuela Racionalista de Francesc Ferrer i Guardia y asistente asiduo a tertulias de artistas como Valle-Inclán y los hermanos Baroja, fue capaz de arrojar una bomba envuelta en un ramo de flores, al paso de la comitiva de la boda de Alfonso XIII y María Eugenia de Battemberg. Fue el día 31 de mayo de 1906. El artefacto fue desviado por un cable del tendido eléctrico y cayó sobre la multitud, causando aproximadamente treinta muertos y un centenar de heridos. Los reyes salieron ilesos y asombrados del trance.

Dos días después, Mateo Morral fue capturado por un guarda jurado en Torrejón de Ardoz (Madrid). Había sido trasladado hasta este pueblo desde la Ciudad Lineal madrileña, para que tomara el primer tren a Barcelona. Entró en la Venta de los Jaireces para reponer fuerzas y hurtarse de miradas indiscretas, pero su acento catalán y sus buenos modales, en contradicción con el atuendo obrero que vestía (pantalón y blusa azules y recién estrenados), hicieron sospechar a los parroquianos de la venta, que se podía tratar del autor del atentado contra los reyes. Avisaron a Fructuoso Vega, que cumplía labores de guarda en una finca cercana y el hombre, apuntándole con su escopeta le detuvo. Cuando le conducía hacia el cuartel de la Guardia Civil sin haberle registrado previamente, Mateo extrajo una pistola de su bolsillo y disparó sobre el guarda matándolo en el acto. Después volvió el arma sobre sí y se suicidó. Murió matando.

Su cuerpo fue trasladado al Hospital del Buen Suceso, en la calle de la Princesa número 43 de Madrid y hasta allí fueron los hermanos Baroja. Ricardo habló con un médico que se encontraba leyendo una novela de su hermano Pío, Aurora Roja, y el facultativo le permitió entrar a la cripta donde se hallaba el cadáver del anarquista catalán. Allí, Ricardo Baroja hizo un dibujo de Mateo Morral que después convirtió en aguafuerte.


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