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Breve alegato en favor de quemar libros

Breve alegato en favor de quemar libros

Esa gente debería saber quienes somos y contar que estuvimos aquí, IX


Esa gente debería saber quiénes somos y contar que estuvimos aquí (1836-1936): Una novela con hipo 9º



Idioma: Idioma: es español
Palabras: 10000
Páginas: 13
Tamaño: 140 ks
Ebook
pdf libro
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En esta ocasión, y a principios de los locos años veinte, asistiremos a la historia de dos apuestos jovenzuelos que, callejeando por el centro de Madrid, conocen y traban relación casual con sendas guapas mozas, compran libros en puestos de viejo, toman algunos vinos y raciones y hablan sobre la cercana desaparición de Mata-Hari, bailarina en el Gran Kuusal de la Plaza del Carmen de Madrid, patatas salpiconas, y una tienda de reciente apertura en Preciados: El corte inglés.

El hecho de que sus nombres sean Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Valentine Penrose o Concepción Velasco, hija del doctor Velasco, que a esta ultima le acompañe un clon del gigante amigo de su padre Agustín Luengo, y que el libro que compran sirva para invocar criaturas arcanas frente a los espejos deformantes del Callejón del Gato a los que Ramón del Valle-Inclan, algunos años después, dedicaría un pasaje en «Luces de bohemia» es todo ello, mera anécdota. Sí puede que sean de interés para los ya aficionados a esta saga las explicaciones que estos cuatro darán sobre algunos acontecimientos futuros y pasados en esta, entre los cuales, sabremos por primera vez de una urna de plata que Valentine Penrose volverá a usar cuando visite la residencia de Estudiantes.

Esperamos que sea también del agrado de los nuevos lectores, que sin duda descubrirán inmediatamente que este es el mejor, más importante, relevante y trascendente proyecto literario que se ha emprendido jamás en cualquier lengua.

Igualmente, desde la dirección editorial de Susyaellos, queremos mostrar nuestro agradecimiento a la srta. Minerva, ocultista y cupletera de gran talento, cuyas amables y pacientes atenciones epistolares han devuelto los ánimos al anciano autor de estos textos para poder, una vez más, ayudarnos a ordenar sus vetustos, caóticos manuscritos, permitiéndonos mecanografiarlos y digitalizarlos para darlos a conocer entre los lectores de tiempos presentes, dado que la consideraba viva encarnación de la imagen literaria que se hizo en su juventud de doña Valentine Penrose. La justamente insigne artista ha logrado insuflarle una nueva vitalidad y ahora toma sus gachas y se afana en sus paseos matutinos con unos bríos renovados. Suele decir que vuelve a sentirse como hace veinte años. Esto es: cuando tenía solo ochenta y cinco.

«Breve alegato en favor de quemar libros» es el noveno de los diecisiete relatos que componen «Esa gente debería saber quiénes somos y contar que estuvimos aquí (1836-1936): una novela con hipo». Es también un pilar magistral para esta saga histórica que abarca un siglo, en la tradición de «Los episodios nacionales» o «El ruedo ibérico», pero molando mucho más que estas dos juntas, dado que aquí también aparecen zombis, extraterrestres, misteriosos códices para invocar entes maleficos, monstruos colosales y demás temibles criaturas, a las que, por cierto, en diversos capítulos también se enfrentan Galdós o Valle-Inclán, además de Emilia Pardo Bazán, Rosalía de Castro, o Djuna Barnes, entre otros ilustres.  


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